Gestión deportiva y convivencia: El reto de construir en comunidad

El deporte es, en su esencia más pura, una herramienta de formación. En el ajedrez, enseñamos a los niños a pensar antes de actuar, a respetar las reglas y a aceptar los resultados con hidalguía. Sin embargo, como comunidad deportiva, nos enfrentamos a un reto constante: asegurarnos de que el entorno que rodea al tablero sea tan íntegro como el juego mismo.

En cualquier organización deportiva, las autoridades y directivos trabajamos para construir estructuras sólidas. A menudo, estas tareas son invisibles, por ejemplo: gestión de inscripciones, organización de eventos, logística de las premiaciones, gestión del entrenamiento y acompañamiento del atleta, disposición de enseres y utilería y el cumplimiento de normativas legales, acciones que buscan en definitiva mejorar el desempeño de nuestros atletas, al brindarles un servicio profesional.

Cuando surgen inconvenientes técnicos o retrasos administrativos —situaciones humanas en cualquier gestión—, la respuesta natural debería ser la empatía y la colaboración. El respeto a la autoridad deportiva no es una exigencia de jerarquía, sino un requisito para que el sistema funcione.

Es fácil caer en el error de pensar que las disposiciones administrativas o los retrasos técnicos responden a intereses dirigidos. Esta percepción, a menudo infundada o heredada de liderazgos negativos, nubla el juicio crítico.

Este año, al anticipar la eliminatoria departamental para cumplir con el calendario nacional, enfrentamos retos logísticos y fallos técnicos imprevisibles en la emisión de carnets de parqueo tanto de nuestros asociados, como de los participantes no federados a quienes se les invitó a participar. Aunque trabajamos arduamente para regularizarlo, estos inconvenientes escaparon a nuestra voluntad.

Lamentablemente, la frustración ante estos retrasos administrativos derivó en incidentes donde la ira y los reclamos fuera de tono se hicieron presentes en nuestras oficinas. Es preocupante que, por una exigencia personal, se pierda el respeto hacia los demás, ignorando a los niños y padres que merecen un ambiente de paz. En ese sentido, es importante recordar que nuestro marco regulatorio sanciona estas conductas antideportivas, ante lo cual pedimos mesura para evitar así la aplicación de sanciones que a la larga terminen perjudicando a los atletas.

En estos casos el sentido crítico es vital, y antes de validar una narrativa de confrontación, debemos preguntarnos: ¿Esto beneficia el desarrollo deportivo de mi hijo?

Retomando el rumbo

La razón fundamental por la que un padre acerca a su hijo al deporte federado es para ofrecerle una oportunidad de desarrollo deportivo. Procuremos no arruinar su experiencia debido a conductas inapropiadas o discusiones acaloradas sin sentido.

Nuestros atletas merecen un ambiente seguro, ético y ejemplar, libre de discusiones violentas, donde se respeten las disposiciones de la organización, y las controversias se resuelvan mediante el diálogo y no con amenazas.

Hacer una buena gestión deportiva en Guatemala requiere sacrificio. Muchos lo hacemos por amor al deporte y al país, restando tiempo a nuestra práctica privada y familia. Lo mínimo que el deporte federado necesita para prosperar es un marco de respeto mutuo.

Sigamos moviendo las piezas con inteligencia. Que nuestras acciones fuera del tablero no empañen la brillantez de lo que nuestros hijos logran sobre él. Al final del día, el ajedrez nos enseña que, tras la partida, todas las piezas vuelven a la misma caja; lo único que queda es la calidad humana con la que jugamos.